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martes, 25 de noviembre de 2008

Relato: La Lupita. Rosy Paláu (México).


Me llamo Guadalupe y estoy aquí, levantada de la tumba, para que no sigan diciendo tantas mentiras, para que nadie  crea esas historias de que si estaba loca, de que si andaba por las calles contando las bolitas del rosario por uno que me dejó vestida de matrimonio a las meras puertas de la iglesia. Si alguna locura me quieren achacar, es la de haber nacido ese día del eclipse en que todo se puso oscuro, como los ojos de aquellos que esperaban lo peor, esos ojos que más querían oír que ver, pegados a las paredes como los perros a las patas de los catres, deshilachándose en las sombras. A todo el espanto se le arrimó otro espanto, el de los gritos de mi madre que eran, dicen, un ventarrón que hacía temblar la lumbre de los braceros. La   Dolores que  salió corriendo a traer agua del patio , sólo abrió la boca para decir que por allá afuera, echaban chispas las estrellas queriéndose salir del cielo. Luego, yo lloré de hambre bajo el sol entero, enterito como los mangos y la guayabas que colgaban de los árboles llenos de trapos rojos.

 

Ese día a todos les agarró la urgencia de encontrarse en las banquetas y en medio del habladero descubrieron que las palabras también les servían para tirar el miedo.

 

Yo sólo recuerdo de aquel entonces, el olor de la leche hervida en las vasijas, los pasos apurados, el zumbido de las moscas metiéndose en la voz de las visitas que se mecían despacio en las poltronas de cuero, no se les fuera a caer el  silencio que traían cargando. Yo las veía bajo el calor de los tejabanes, enrollándose las faldas para que les entrara el aire, las oía hablar del mundo como si el mundo les quedara muy cerquita, como si lo conocieran de hacía mucho , pero a mí, el mundo me sonaba muy lejos,  algo que estaba detrás de esas nubes amarillas que por más que estiraba los ojos no me dejaban pasar con su red de alambres y de pájaros. De mi padre, guardo su figura achaparrada, azotando la puerta después de decir: “me tienen harto” y la tarde en que sin decirnos nada, nos miró de arriba para abajo y arrastrando una cola de  perfume, se fue de la casa.

 

La casa siempre estuvo llena de mujeres prietas , mitoteras de querer lo que no les pertenecía. Les bastaba doblar la hoja de un tamal para armar un cuento. A mi me tenían envidia, se les veía de lejos, porque yo era blanca, porque a mí me consentían hasta por no hacer nada y sin que nadie se los pidiera, se dieron a la tarea de medirme el ocio.- Se va a tullir allí, queriendo sacarle una canción al cacarear de las gallinas, murmuraban. Mi madre las dejaba decir y luego a las seis cerraba la tienda,  tejía mis trenzas, me hacía en la frente la señal de la cruz y nos íbamos a la misa para que no nos ensuciaran los pecados.

 

De eso si pueden hablar, lo otro son nada más inventos y aquí, junto a estas cruces de palo, sin adornos, sobre esta tumba reseca, yo, Guadalupe, les vengo a decir la verdad.

 

Fue allá por las fiestas de la virgen, entre papeles picados y banderitas, cuando lo vi por primera vez. Yo acababa de cumplir los 15 años y aquí, no quiero que piensen que soy creída, pero los espejos a mí nunca me dijeron mentiras, era bonita, alta, chapeteada y traía un vestido con listones de muchos colores y unos zapatos de tacón que se me enterraban a cada rato en la tierra recién llovida. Lo recuerdo como si fuera ahora. Si parece que hago tiempo, es sólo que ya casi no sé como explicarles lo que sentí cuando me tropecé con aquella mirada, verde como las luces de los cuetes que alumbraban la noche haciendo malabares. Les juro que fue como si trajera un río que se me desbarrancaba por dentro arrastrándome hacia él con todo y esos sueños que apurados me dibujaron un montón de cosas, hasta que encontré la voluntad para agarrarme de la orilla del  juicio. No fuera a creer que yo era de esas que se daban como las frutas del monte que se podían comer sin dar un cinco. Mientras me aguantaba el desespero y me zangoloteaban los pensamientos, me sacó a bailar.

 

Nunca supo que le dije que no porque me daba miedo quedarme encajada en el puro medio de la danza y no quería ser la burla de todas esas viejas que se llevaban apuntándome los pasos. Todo eso sirvió para que al rato le costara trabajo sacarme  una mirada que lo pudiera mirar.

 

Al atardecer, se detenía en su carro de vender frutas y entraba en el abarrote revisando el pan de las vitrinas, esculcando de reojo los rincones para  ver si yo aparecía haciéndome la tonta nada más para avivarle el deseo. Luego, nos hicimos novios . Y es que hablaba tan bonito. Mira Lupe, me decía, la verdad debe estar siempre rellena de verdades, si no, no es verdadera, hay que coger por los cuernos al destino y ponérselo enfrente como te puse yo a ti. Si me dejas, me mato. Todo quedaba tan clarito, que después la voz se le desbarataba en una sonrisa que se le quedaba colgando como una hamaca en la cara.

 

Yo iba al templo y miraba a la virgen tan inmaculada, tan llena de gracia y luego volteaba a ver a Dios para decirle: Mira Diosito, si tú me lo diste, no me lo vayas a quitar. Te voy a traer  rezos,  flores, Tú mandas, te voy a velar la tristeza que te dan los hijos que se portan mal, ahí revolcándose en el pecado, que porque dicen que tú los dejaste de querer como me quieres a mí, desde allá arriba, desde tu bondad. Por eso te vengo a hacer plática, aunque yo no sepa hablar como lo hace el padre cuando nos pinta el paraíso, lleno de arroyos y de arbolitos, donde los días brillan como si les acabaran de poner la luz y no tiene nada de malo que Adán y Eva anden desnudos porque no los ha encontrado la desobediencia, el padre Manuel que luego endereza el micrófono ,  nos acomoda con la mirada para ponernos todos juntos  y como si  el mismo silencio que se lo llevó lo devolviera, nos abre con la voz las cortinas del infierno.

 

Yo entiendo que el amor no tiene mancha cuando es amor del bueno, cuando la carne y el espíritu andan agarrados de la mano y para donde va uno va el otro, por eso así andábamos nosotros, en uno solo, yendo y viniendo entre los olores de las macetas recién regadas y de la ropa secándose al sol. Aún siento sus frases caminando por mi oído, las olas de sus manos alegrándome los miedos,  tirados en el colchón, escuchándonos la vida, hasta que los ruidos de la calle nos venían a juntar.

 

No voy a negar que aunque ya le pertenecía, no me gustaba contar los olanes del vestido de la boda, tampoco que a ratos me quería ir a vivir al monte, o a un cerro a dónde fuera con él , pero  le había prometido a  Dios  que sin sus  bendiciones no me iban a llevar a ninguna parte.

 

 

Andaba yo por los 16, cuando aquellas fiebres le llenaron el cuerpo de unas ronchas negras que parecían charcos de lodo hirviendo. Mi madre lo cuidó como a un hijo, a las medicinas del doctor les revolvía los remedios de esas  yerbas que olían tan feo y eran como sus consejos, amargos pero quitaban el dolor. Una noche, después de muchas, me despertaron unos ruidos del otro mundo, unas palabras sin vocales que salían por el agujero de sus labios tiesos. Fue entonces cuando supe que  la muerte me lo andaba acariciando. En medio de la oscuridad,  me correteó el miedo y acabé en el patio, debajo de los mangos. Alcé los ojos calientes de tanto llorar para enfriarlos en las ramas de los árboles y ahí, como si de pronto me nacieran las fuerzas y hasta pudiera volar,  juré con todo el amor que le tenía que si Dios le volvía a poner la vida, lo soltaba de la mía para siempre.

  

 

 No me voy a alargar contándoles que  me amaneció, que ya las sombras andaban trepadas en las bardas como pendientes de cuando me iba a ir, sólo les diré que no pasaron ni dos días y ya se le podían arrancar las costras y que al cuarto  le volvió la gracia de vender naranjas.

 

Desde entonces traigo un dolor. Creí que me iba a costar trabajo quitármelo de encima de poco a poco, no se me fuera a matar de verdad, que tal vez  a sus ruegos me arrepentiría del pedido pare echarme de nuevo a sus brazos, suplicándole al Señor con las rodillas peladas de subir las escaleras de la iglesia que por favor me perdonara, que ya le iría pagando con muchas penitencias. Quién hubiera pensado que lo iban a abrazar las ganas de voltear para otras mujeres.

 

Que si fui muy bruta, que si nadie sabe para quien trabaja, se  transparentaban en las lástimas las carcajadas. Pero a mí nunca me salpicaron las amarguras, porque  yo, Guadalupe, la más bonita, la más alta, la más chapeteada  les iba a limpiar a todas  el cochinero que traían por dentro.

 

Sí, tres veces me rogó y tres veces le dije que no. Luego me vestí de blanco, me colgué un rosario para contarlas una por una en las bolitas, para que no se me olvidaran nunca las miradas filosas de sus caras prietas y blanquearles  con mis rezos  las burlas y los odios.

 

Cuando atravesaba la plazuela, bajo el cielo caluroso y el aire que sonaba a  cucharas revolviendo el hielo molido de los raspados, a mi me refrescaba el alivio de la mirada del Arcángel San Miguel, que nada más me divisaba desde su torre tan alta, abría con su espada las nubes rojas y amarillas para que pasaran los ángeles, revoloteando de gusto entre los globos y las palomas y me acompañaran hasta la casa del Señor. Apenas me paraba en la puerta y ya me estaban esperando los santos y las vírgenes ahí en sus nichos, detrás de las veladoras que alumbraban con sus llamitas tantas virtudes juntas. Nunca me cansé de mirarlos, escuchando las plegarias, olorosos a flores, con sus diademas doradas, tan lejos y tan cerca, como aquel mundo que yo sólo pude tocar con la imaginación.

 

Han pasado muchos años desde que vine a parar a este hoyo donde se junta la tierra con la tierra y las almas se sientan a esperar la repartición de los castigos. Unas lloran a otras les agarra el habladero como si ensayaran para luego distraer al ángel de la justicia; yo al que espero ver llegar es a él, envuelto en un montón de arrugas, mal comido y mal planchado, con la memoria gastada de pensar que todas los noches yo le iba a jalar las patas, aunque ganas no me faltaron, mejor le seguí guardando todas sus mentiras para aventárselas como un puño de lodo a la cara. Dice la Dolores que me vio nacer, que ya no tarda, que me aliste bonita para cuando venga a ponerme flores, pero  yo sólo sueño con mirarlo de frente para que se le apague del susto la poca vida que le queda y así, descansar en paz.

martes, 28 de octubre de 2008

Entrevista con la escritora Alejandra Correa (Uruguay - Argentina).



¿Cuándo y por qué empezó a escribir?

 

 

No hay fechas precisas. Tal vez algún día de octubre al atardecer, hora en que las palabras surgen como oposición al día que se apaga. Se rebelan. Posiblemente en la infancia, sin papeles ni lápices. En un rumiar de palabras. ¿Y el por qué? También rebeldía, pero esta vez: rebelarme a mi condición de mortal, único camino para poder comprender la muerte.

 

 

¿Qué es lo que busca usted en una poesía?

 

 

Creo que busco hacer bien mi trabajo, como cualquier pescador.

 

¿En qué momentos del día le gusta escribir?

 

 

Cuando la poesía se impone. Generalmente: antes de que anochezca. O cuando la noche ya es rotunda.

 

 

¿Tiene alguna cábala al escribir, alguna costumbre?

 

 

No, cábalas no, porque no se trata de suerte y azar. Acostumbro, simplemente, dejar que el silencio haga lo suyo.

 

 

¿Al momento de escribir: papel o computadora?

 

 

A veces papel. Otras veces computadora. Depende de la intimidad y sus posibilidades.

 

 

¿Cómo se pueden adquirir y/o leer sus obras?

 

 

Una opción aunque acotada, es en www.antesdequeanochezca.blogspot.com

Es acotada porque creo que un poeta está en sus libros y que en un blog sólo sale de paseo a tomar aire. Mis libros fueron editados por editoriales pequeñas de la Argentina, en ediciones más pequeñas aún (salvo el primero de ellos que edité yo misma y del que tengo muchos ejemplares en un placard).

 

 

 ¿Qué aconsejaría a los jóvenes escritores? ¿Cuáles son sus autores favoritos?

 

 

Yo soy una joven escritora de tan solo 43 añitos. En tal caso, no puedo aconsejar a nadie y desconfío profundamente de quien da consejos. Mis autores: Clarice Lispector, Diana Bellessi, Roberto Raschella, Pessoa, Sebald y tantos otros.

 

lunes, 27 de octubre de 2008

Autora: Claudia Villafañe (Argentina).


Nací en Salta, noroeste de Argentina, tierra de poetas y compositores, maravillosa gente, excelente clima, magia y dulzura hasta en el acento cansino con que se habla. De allí soy, orgullosa de pertenecer, y donde realicé mi mejor obra, que son mis hijos. Escribo con la naturalidad de respirar y desde el corazón, espero disfruten leyendo mis textos y poemas ya que en ellos está la esencia de mi misma.-

 

 


http://www.divinalunadesalta.blogspot.com/

Mail: shaky_59@hotmail.com

sábado, 25 de octubre de 2008

Poesía: Tienes que partir. Por Clara Baqueiro Estrella (México).


Quisiera pronunciar tu nombre

Razón

La tengo no es locura

Es

Amor en mi corazón

Alma
Entera ser

Para

De volver

La vida

Magia a mis manos

Y

Así verte

Aquí

Amarte

Delirio

Mi mente

Fracaso en la espera

Olvidarte

Si juré

En

La

Tumba amarte

No dejarte

Un 19 de mayo

Martes

Te fuiste

Sin

Avisarme

Si juré

Nunca olvidarte

Te tengo porque en mi

Corazón te espero

Y

Llevo

Los años,

Han pasado

Sin

Dejar de amarte.

Detalles

El

Tiempo

Han

Sido

Mis maestros

Recuerdos

Y

Motivos

A

Mi

Vida

Y

Lloro en silencio

No volverás lo sé...

Y

Eso lamento
28 años

De

Espera

Volver

Quisiera

Falta me has hecho

No

Lo niego

Pasará

Siglo

Entero
20, 40,50

Tiempo

No

Parar

Y

Te

Quiero, te quiero...

Tu

Imagen el tiempo

Borrar

Mi

Vida

Tu amor

Intocable

A

Mi corazón

Recuerdos

De

Felicidad

Un amor

Para la

Eternidad

Meses y años

Volverán a pasar

Tristeza

Vendrá

Un

Amor

Sin final

Sé

Que

Me esperará

Fantasma

En

Mis pensamientos

Castillos formaron

Un

Hubiera

Nunca

Existió 19 de mayo

La
Vida

Nos separó

Te

Vi durmiendo

Pálido y frío

Quería, despertar este mal

Sueño

Pesadilla

De una

Tarde

Locura

Espejismo

Mentira o metáfora

Te amo

Partir

De mi vida

Duele

Has cuidado

De mí

Ángel de mi guardia

La

Hora ha llegado

28 años

Sin tí

Mi

Fantasma

Favorito

Detalles y cariños

A

Mi alma

Viva

Pensé

Que

Moría

Tu

Amor

Me ayudo

En mis noches

Devastada

Vivir sin ti, no ha sido fácil

El mundo

Decía

Que

Te olvide

Vives en mí

Tu recuerdo

Es para mí

Momentos bellos

Corazón

Amores

Después

De morir

Inspiración

Sueños

Vivir sin tí

Fantasma....

Mis noches

Guardián

De

Este amor

Hoy

Tienes

Que

Irte amor
19 de mayo

Hoy

Guardaré

Este momento

También

Corazón loco por ti

Lo

Dejaste destruído

Cuando no te vi

La fuerza de un amor

Me enseñó a vivir

Aquí.

Tiempo y espacios

Paro

En mí

Hoy

Debes partir

Mi vida

Gracias

Te doy por haberme

Hecho feliz

Tu recuerdo

No será borrado

Estoy viva

Enseñaste

El valor

Amor

¡Amado mío!

¡Tienes

Que partir!

Sin mí...

viernes, 24 de octubre de 2008

Entrevista con la poetisa María Ahumada Barraza.

María Ahumada Barraza es una poetisa de Calama, Chile. Es integrante de la agrupación literaria "Libre Manifiesto" y secretaria de la Asociación de Escritores de Calama, Chile. Ha participado en numerosos talleres y encuentros literarios. Su estilo hace gala de un manejo refinado y sentimental de las palabras.
La entrevista:
¿Cómo comenzó en el mundo de la poesía?
Por la invitación de un grupo literario de Calama, pero yo escribo desde niña.
¿En qué temas encuentra la inspiración a la hora de escribir?
Los de la vida cotidiana, el amor, la mujer, los niños, los jóvenes, las madres.
¿Cómo es su actividad en la agrupación literaria "Libre Manifiesto"?
Soy parte de la Directiva, en donde me desempeño como Primera Directora, además les hago talleres a los nuevos integrantes de nuestro grupo.
¿Cuál es la situación literaria en Calama y en general en Chile?
En Calama hay varios grupos literarios, alrededor de cinco, en donde participan desde jóvenes hasta adultos mayores. Lamentablemente en Calama no se le da grandes oprtunidades a la literatura, solamente hay dos Ferias del Libro en el año, donde uno tiene la posibilidad de vender sus obras, pero eso nada más.
En otras ciudades de Chile, en los que he participado, se hacen Encuentros de Escritores y se puede conocer varios lugares de nuestro país, son encuentros internacionales en los cuales se aprende mucho y se comparten experiencias con escritores de otros países.
¿Cuáles son sus autores preferidos? ¿Qué lecturas recomienda?
Mis ecritores preferidos son Enrique Lihn, Pablo Neruda, Gabriela Mistral, Paulo Coelho.
Mis lecturas son "Porque escribí"(1995) de Enrique Lihn, "Confieso que he vivido" (1974) de Pablo Neruda, "Desolación" (1922) de Gabriela Mistral y "El Alquimista" (1988) de Paulo Coelho.
¿Qué consejos daría a los jóvenes poetas?
Que sigan sus sueños, que no se den por vencidos, que lean todo lo encuentren, que sigan el camino de las letras, y que nunca dejen de seguir aprendiendo.
¿Cómo y dónde se pueden adquirir o leer sus obras?
Para adquirir mis obras en Calama, directamente conmigo.
Fuera de la ciudad por teléfono o por correo electrónico, lo mismo para fuera del país.
Mi telefono dentro del país (Chile) es: 55-362683 Fuera del país: 56-55-362683
Mi correo electrónico: rosmery_maria_1953@msn.com
Mis obras literarias son 4:
- "El dolor de las Madres" (2004)
- "Ángeles en la Tierra" (2005)
- "Amor, Sentimiento y Pasión" (2007)
- "La Mujer y sus Sueños" (2008)
- "El Puñal del Desierto" (aún editándose en Argentina)
Se agradece la gentileza de María Ahumada Barraza por acceder a realizar el presente reportaje.
La Redacción de Revista Cultural Espíritu Literario.