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lunes, 20 de octubre de 2008

La Leyenda de la Virgen de Turrialba (Leyenda).


La Leyenda de la Virgen de Turrialba.




Fines del siglo XVI. Litoral caribeño de Costa Rica. Centroamérica. Salvaje, batido por las espumantes olas y bordeado por exuberantes palmeras se yergue majestuosa sobre las aguas cristalinas el litoral caribeño de Costa Rica.Los piratas ingleses y holandeses asaltaban continuamente el lugar. Numerosas eran sus crueldades: asesinatos, robos, violaciones eran moneda común entre los filibusteros.

Corría el año 1643. El maldito corsario Mansfelt se había apoderado de la fragata "María de las Mercedes" en las inmediaciones de la isla del Caño, una embarcación que iba de Costa Rica hacia Panamá.

La lucha fue feroz. Don Joaquín Alva García Saavedra, en ese entonces Marqués de Talamanca y capitán del navío había defendido con gran valor su buque. La masacre fue total. Una extraña niña, luego abandonada en las arenas negras de punta Cahuita fue la única sobreviviente de la violencia. Una familia de hidalgos recogió en su seno a la menor. Quiso el destino que fuera bautizada con el nombre de María de las Mercedes.

El gobernador don Juan López de la Flor, siguiendo las directivas de Felipe II, preocupado por los ataques de los bucaneros a sus posesiones en el Caribe, vengaba las afrentas recibidas en los prisioneros protestantes capturados durante las sangrientas batallas.

Jamaica, perla de las Antillas, fue arrebatada por un heteróclito grupo de aventureros franceses, ingleses y holandeses de las manos del monarca español. Junto con Haití constituían un molesto binomio de puertos enemigos para los pacíficos habitantes de Centroamérica.

Los progenitores de María de las Mercedes, cansados del peligro, resolvieron trasladarse hasta Turrialba. La antes niña, ya adolescente, era una devota joven, muy religiosa. DEsde hacía tiempo había hecho el voto de dedicarle un culto particular a Nuestra Señora de la Concepción. Todas las mañanas, puntualmente le ofrecía una orquídea especial. Jamás faltaba a la misa de las ocho.La madrugada del 14 de abril de 1666 fue muy agitada. En el Portete, cerca de Limón, desembarcaron dieciséis barcos con alrededor de setecientos ingleses y franceses al mando del pirata Mansfelt y su teniente Morgan. El objetivo de los extraños era apoderarse de Costa Rica para poder abrirse paso hacia el Pacífico y así atacar las riquezas del Perú.

Don Juan López de la Flor marchó con un nutrido grupo de españoles e indios hasta el paso de Quebrada Honca en las proximidades de la localidad de Juan Viñas. Las tropas se atrincheraron a la espera de los invasores. Esa misma noche escuchó María de las Mercedes una voz secreta que la invitaba a ir a los oficios matinales. Pensando que se había quedado dormida salió a toda prisa. Llegó a los portones de la iglesia que estaba abierta. Entró y se encontró con un párroco desconocido. Le pidió que dijese una misa en nombre de la Virgen, rogando por la protección del país. Como no tenía dinero se quitó su anillo derramando lágrimas por no haber tenido tiempo de buscar la orquídea que diariamente ofrendaba en el altar.

El religioso encendió los cirios. Extasiada, María de las Mercedes miraba como la cera blanca iba transmutando su color a un verde puro, bañado por gotas de sangre.De repente, cuando el ite missa est la hizo recuperar la normalidad el sonido de las campanas que indicaban que todavía era de noche. Sin entender mucho, regresó cansada al hogar. A media mañana volvió al templo. Una muchedumbre recibía a los soldados. Sorprendida, relató el suceso a los habitantes. Los guerreros contaban como los piratas habían huido despavoridos al ver la imagen de la Virgen vestida con un manto verde llorando lágrimas rojas.Las velas seguían ardiendo...


Cristian Claudio Casadey Jarai

Los Ojos de Juan Santamaría (Cuento).


Los Ojos de Juan Santamaría.




Jacinto Gabriel García y Núñez era un hombre aventurero, acostumbrado a las visicitudes de la vida. Periodista, militar, músico, filósofo y carpintero eran oficios que hacían de este personaje un individuo muy particular. Los alborotados años que siguieron a 1850 tiñeron de amargas experiencias a Jacinto. Rosista de alma y defensor de la Santa Federación confundía su sentimiento patriótico con tintes ocultistas. La influencia que ejercían sobre él sus amigos masones cambiaría por completo su propia historia. Argentina se desangraba en una lucha fraticida. El traidor de Urquiza vencía a las fuerzas del Restaurador en la infame batalla de Caseros de la que Jacinto salió milagrosamente ileso. Con lágrimas en el corazón Jacinto acompañó a don Juan Manuel a la casa de Mr. Robert Gore, encargado de negocios de Gran Bretaña. Esa misma fatídica noche el gran héroe argentino partía hacia el exilio junto a su noble hija en la fragata Centaur. A pesar de la caza de brujas desatada por la crueldad de Urquiza muchos lograron sobrevivir no sin grandes dificultades.La vida en la campiña inglesa no era del agrado del fiel servidor. Largas veladas en Londres avivaban su sed de viajes y aventuras. Entusiasmado, seguía de cerca los nuevos acontecimientos latinoamericanos.

Extraños sucesos en Nicaragua atraparon su atención. La lucha entre los conservadores de Granada y los liberales de León sumió al país en una guerra civil. El caudillo liberal Francisco Castellón recurrió al auxilio extranjero de un audaz mercenario norteamericano llamado William Walker.

Jacinto participaba activamente en la logia masónica Gran Oriente Argentino que en ese momento funcionaba en la capital inglesa contando con una filial hermana en San Francisco de California. Recién el 22 de abril de 1857 abriría sus puertas en la Reina del Plata.

Con gran motivación Jacinto cruzó nuevamente el Atlántico para integrarse a la Falange Americana que desembarcó en el sufrido país centroamericano dominando ampliamente la caótica situación.

Walker, "dueño" de Nicaragua, concibió la maléfica idea de apoderarse de las cinco repúblicas centroamericanas para anexarlas al sur esclavista norteamericano. El proyecto era visto con buenos ojos por los masones quienes financiaban la ambiciosa campaña.

Los indómitos encantos de Guanacaste maravillaron a Jacinto. La ronca voz del coronel Schlessinger irritaba al aventurero.

El presidente de Costa Rica, Juan Rafael Mora, reforzó su ejército con valientes campesinos y artesanos voluntarios proclamando una guerra de exterminio contra Walker.

El 20 de marzo de 1856 la impetuosa carga a la bayoneta de los costarricenses obligó a los extranjeros a retirarse de la hacienda de Santa Rosa. Los prisioneros fueron pasados por las armas en Liberia lo que inquietó al argentino. Las lánguidas ramas del "árbol de los orejones" ofrecían sus sombras para el refugio del sofocante calor. Las condiciones de la pelea eran muy sacrificadas. Un enemigo silencioso hacía estragos entre las tropas. El cólera cobraba numerosas vidas.
Mora invadió el sur nicaragüense ocupando los puertos de San Juan del sur y el de La Virgen sobre el gran lago como así también la hermosa ciudad de Rivas en donde estableció sus cuarteles.Jacinto logró tomar por sorpresa a Rivas y se atrincheró junto con sus feroces guerreros en una casa conocida como el Mesón de Guerra. Sus espías le habían informado sobre los planes del enemigo de sacrificar a un soldado de Alajuela conocido como "el Erizo" para incendiar la construcción. El aventurero esperó pacientemente durante la noche logrando atrapar al enemigo que estaba provisto de elementos inflamables. Interrogado el prisionero dijo llamarse Juan Santamaría. Confesó a Jacinto su plan suicida y las intenciones de Walker de esclavizar a Centroamérica. El argentino, sorprendido por las revelaciones del abnegado cautivo vio en sus ojos negros el espejo de la verdad. Juntos prendieron fuego al lugar. Mientras se inmolaban los mártires una virgen chorotega lanzaba pétalos de orquídeas al mar.


Cristian Claudio Casadey Jarai