lunes, 13 de junio de 2011
Azul profundo. Por Xavier Fonseca
martes, 24 de mayo de 2011
Umbral de los tiempos. Poesía Neomasónica de Hellen Da Silva
sábado, 21 de mayo de 2011
Minotauro. Poesía de Hellen Da Silva
viernes, 20 de mayo de 2011
Aurora. Poesía de Hellen Da Silva
jueves, 5 de mayo de 2011
Las Musas de Patricia O. (Patokata)
jueves, 21 de abril de 2011
Todo es invisible bajo la tumba. Poesía de Cristian Claudio Casadey Jarai
Todos es invisible bajo la tumba
Tan negra es la tierra
Me encuentro perdido,
Con un sentimiento de fragmentación ante el fuego intenso, siempre bajo tierra
El mal olor se ha ido de mi ataúd
Totalmente pegajoso al lado de los espíritus
Fantasmas rabiosos que contaminan mi tierra
Estoy vigilante. Mi cuerpo se ha desvanecido
Todos es invisible bajo la tumba
Soy transparente. La noche se desvanecerá vacilante
Ante el ruidoso silencio
Que aturde al borde del mundo
Donde cae lentamente
Una libreta de direcciones vacía
De mis sueños perdidos
Buscando el camino de regreso
Mientras la multitud observaba
Mi triste partida.
Todas las áridas mañanas detrás de la manada
Bastante antes de que se marche lejos el árido paisaje de ensueño
Me encuentro con los cerebros desnudos de la gente sin corazón.
¡Apriete la peluca! El día no es más día.
Estamos sordos, detrás del cielo
Transformándonos en luces tranquilas, cerca de la fuente de juventud.
El placer debe continuar
Todas las áridas mañanas sigo detrás de la manada
Estiramos los huesos rabiosos contra el agua fresca
Vientos nublados e intangibles
Saliendo al mundo
Cualquier marea que sopla
Después de no sé cuántos viajes
El refugiado
Perdió la oportunidad
Cuando el mundo era nuevo.
No extraño a esta manada árida e ingrata.
viernes, 12 de marzo de 2010
Libro: Cuando llegue el momento, de Cristian Claudio Casadey Jarai
martes, 6 de enero de 2009
Poesía: Veintiochoavo Anuncio. Rodrigo Verdugo (Chile).
VEINTIOCHOAVO ANUNCIO A Juan Lanza
Aquí se amarran las manos con sogas, con pájaros y radiaciones en celo
Para no volver a tocar nada, que no sea alrededor de ese signo que desespera a las estrellas
Tan alrededor que ellas retienen el aullido, y alzan las espigas
Solo para que el rayo las conozca, y las hagan dormir conforme a esa historia de ceniza
Aunque quisieran no pueden dormir,
Tienen como insomnio la orfandad de la harina
Pero tan alrededor que quieren romper con eso,
Poner un astro en todas las sangres para no dejar entrar ni salir nada,
Hasta que nadie vuelva a tener memoria de eso que era
Como salir de un lugar donde esta lloviendo, a otro donde llueve más fuerte
Es como si escondieran sal, y huyeran a estaciones vacías a dejar bultos
Y sacaran botones, camisas, zapatos
Y las pusieran sobre esa luz que llora sobre los muertos
Ah luz que llora por esa sangre, como romper con eso,
Si hay nudos que se defienden del mediodía, cuando se derrama
Y las lámparas deben volverlo a su lugar con la nublada perversidad en sus cuatro lados
Como esos secretos que pasan de nube en nube,
Conforme a esa historia de ceniza, donde nadie puede decir: sois mis ojos o sois mis manos
Pero si el cuerpo puede repetir las vueltas de la tierra, sobre cualquier sombra, aunque no sea la suya
Para un conocimiento más extenso del mediodía,
Como alzar una torre cubierta de cinturas con las manos amarradas
Y deshilar todas las camisas y bajar por esos hilos
Como una estación vacía para descubrir que la muerte primero estuvo en el fuego.
Aunque los silabarios digan otra cosa
Pero el fuego vuelve a poner la muerte en su lugar,
Eso es como deshilar con nublada perversidad en estaciones vacías, pero si los hilos de pronto se acaban,
Viene la pausa del amanecer, donde llanto y luz se empujan solos
Hasta que el crepúsculo pare un caballo, que entrará a despertar al astro que han puesto en las sangres,
Como un mueble trancando la puerta de una casa
Lo despertara, para que sienta que en algunas partes llueve y en otras llueve más fuerte
Y es que a causa de tanta sal escondida se puede decirle a cualquiera: sois mis ojos o sois mis manos
Por eso somos los que empujamos con las manos amarradas, carruajes cubiertos de gusanos y músicas secas
Antaño paseaban en esos carruajes mujeres con zapatos cuyas hebillas eran de oro,
Rompían los botones de las camisas de algún infiel,
Ahora empujamos esos carruajes hacia el mar,
Cubiertos de harina vamos empujando, pasamos frente a torres cubiertas de cinturas,
Frente a bancos de sangre
Pero ahora pasamos a recoger sogas, radiaciones en celo y pájaros,
Puntuales somos en ello, aunque luego nos amarraran enteros,
No dejaran que cerremos los ojos
A semejanza del mar pondrán nuestra cabeza debajo de la más nefasta germinación,
Os dirán por siempre: sois mis ojos, por siempre sois mis manos,
En medio de incontenibles aullidos y extendidas espigas
Vamos danos una historia de ceniza, siempre quisiste deshilar,
Cual fue tu más nublada perversidad, lo sabemos, si lo sabemos
Aunque como los silabarios digas otra cosa
Ahora y así amarrados repetiremos las vueltas de la tierra,
Pero ahora ay sobre el fuego
Como ayer fue sobre las sombras y quizás sobre el mar y las piedras
Tan alrededor que toda la sal escondida cubrirá las estaciones vacías,
Tan alrededor que lo que el rayo conocerá es el fin de los hilos,
Tan alrededor que los secretos pasaran de nube en nube hasta llegar a nosotros como un bulto,
Tan alrededor que el caballo saldrá con la desesperación de las estrellas,
Tan alrededor que algo nos señalara desde el fondo del fuego,
Algo que llego a la muerte tratando de resucitar mucho antes.