viernes, 22 de abril de 2011

Semiótica y patafísica. Por Cristian Claudio Casadey Jarai

Semiótica y patafísica

Cristian Claudio Casadey Jarai (2010)

No es fácil hablar de semiótica. Algo menos complicado a primera vista parecería la patafísica. Para el común de los mortales dichos términos puede sonar algo iniciáticos, y hasta esotéricos. Sin embargo nada más lejos de sus naturalezas. Sin desear ahondar en complejidades inútiles, sobre el origen de la semiótica Rodríguez (2003) expresa:

En el rico legado de la antigua filosofía griega, es posible encontrar tanto la teoría general de los signos como algunas de sus ramas más específicas, como lo son por ejemplo la gramática y la sintomatología. Sin embargo, los estudiosos de la semiótica actualmente reconocen a Charles S. Peirce como el fundador de esta disciplina. Un gran número de las ideas de Peirce se desarrollaron en la primera etapa de su reflexión filosófica –la década de 1860– donde Peirce se encontraba fuertemente influenciado por Kant; no obstante, Peirce siguió dedicándose incansablemente a lo largo de su vida a desplegar ese inmenso abanico de posibilidades para la ciencia que implica el estudio de los signos. Sin duda, como lo dice repetidas veces Joseph Ransdell, la semiótica constituye un 90 por ciento de la reflexión y producción literaria de Peirce (pp. 13-14).

Sierra (2000) menciona que la palabra semiótica fue empleada por primera vez en su sentido moderno por John Locke en su esquema general de las ciencias. Pero en realidad la semiótica adquirió su importancia actual con el pensamiento de Peirce. La autora define entonces a la semiótica como la ciencia que estudia las formas no semánticas de la comunicación, de las maneras de transmitir y recibir mensajes que no sean la palabra escrita o hablada. Por lo tanto sería de incumbencia de la semiótica los gestos, la entonación de la voz, entre otros ámbitos posibles.

Rodríguez (2003) explica:

Comprender el proyecto filosófico de Peirce resulta fundamental a la hora de aproximarse a la ciencia semiótica y sus alcances. La filosofía de Peirce es una filosofía puramente sistemática. El hilo conductor de la “mentalidad de sistema” de Peirce está dado por la interdependencia de nuestro sistema de conceptos y sistemas teóricos (las ciencias), de modo que todas ellas conforman una jerarquía perfecta (pp. 18-19).

Así, la semiótica para Peirce es un sistema en el cual existe la jerarquía y la interdependencia entre los diferentes conceptos estudiados.

Mir (s.f.) explica que es difícil dar una definición unánime de lo que es la semiótica. En la actualidad existen numerosas escuelas y tendencias en lo que respecta a esta disciplina:

Sin embargo, puede haber acuerdo acerca de "doctrina de los signos" o "teoría de los signos". Esta definición presenta el inconveniente de transferir al término "signo" la mayor parte de los interrogantes. Para algunos el signo es, en principio, un objeto construido; para otros, es, en principio, un objeto observable; otros sólo toman en cuenta sistemas de signos previamente establecidos, que pueden alcanzar desde sistemas de señalización concretos hasta los sistemas de significación implícitos en toda práctica social (ritos, mitos, costumbres) (Mir, s.f.).

Más allá de lo enunciado por los autores nombrados, es lógico afirmar que antes de que el término “semiótica” fuera manejado ya hubo investigaciones al respecto del tema de los signos.

Estos orígenes se confunden y se pierden en las penumbras de los tiempos con el de la propia filosofía. De esta manera no es de extrañar que el mítico Platón definiera el signo en sus diálogos sobre el lenguaje. En el diálogo de Sócrates con Cratilo, se filosofa sobre el origen de las palabras y, en especial, sobre la relación que consta entre ellas y las cosas que distinguen.

Mir (s.f.) agrega:

Los hombres primitivos se contentaban con un uso puramente instrumental de los signos, ligado a sus condiciones de subsistencia (lugar donde encontrar la caza, avisar de peligros inminentes, etc.), lo que no implicaba problemáticas específicas que resolver. Pero, a medida que la realidad social se va haciendo más compleja, el uso de los signos deviene más estricto: el signo debe reproducir de forma unívoca las realidades del mundo material con el fin de preservar la integridad y la identidad del grupo humano.

Los primeros pensadores que reflexionaron sobre los signos fueron Aristóteles y los estoicos, quienes buscan las relaciones entre la configuración de los términos en el silogismo y la configuración del orden real, así como los motivos de la transferencia de valores de verdad de una a otra.

La primera ampliación del campo de estudio se la debemos a Leibniz, quien con su Mathesis Universalis, extenderá las nuevas funciones matemáticas a nuevos campos significantes. Sin embargo, el proyecto quedará inconcluso al enfrentarse con los numerosos problemas de polisemia que requerirán el regreso al estudio específico de la lengua humana. Locke y los filósofos ilustrados (especialmente Condillac) fundamentarán la semiótica en la gramática.

Como puede observarse, la discusión semiótica lleva sus buenos años rondando las mentes de los pensadores.

Según Ruano (2002):

La semiótica es la ciencia general de los modos de producción, de funcionamiento y de recepción de los diferentes sistemas de signos que aseguran y permiten una comunicación entre individuos y/o colectividades de individuos: “Es corriente que la semiótica reciba una diversidad de definiciones: como ciencia de los signos, del comportamiento simbólico o de los sistemas de comunicación. En su propio campo ha habido grandes polémicas sobre la diferencia entre signos, símbolos y señales, y aun sobre la amplitud del término ‘comunicación’” (Lyons, 1990: 14). La teoría semiótica es una teoría de la significación, por lo que busca explicitar las condiciones de la aprehensión y de la producción del sentido.

Ruano va mucho más allá en su definición de semiótica que los primeros estudiosos en el tema. Al abarcar, además de los ya clásicos problemas acerca de los signos y símbolos, el autor puntualiza también sobre sus modos de producción, funcionamiento y recepción, y con ello, aproximándose de alguna manera, a la teoría saussereana y su perspectiva sincrónica como fundamento del análisis y estudio de una lengua, en su concepción como sistema de signos organizado en base a unas relaciones intrínsecas, cuyo sentido será el máximo propósito de investigación del lingüista. Puro estructuralismo en su vertiente original. Así, es la semiología (como la nombra Ferdinand de Saussure) la que se ocupará del estudio general de los signos, en especial los lingüísticos. Esto ha sido ampliamente desarrollado por diversas tendencias y escuelas. No se puede negar que el legado de Saussure desarrolló un creciente interés por el fenómeno literario desde diversas disciplinas (Alcántara, 2002, p. 19).

Hoy, la semiótica ha traspasado ampliamente su objeto de estudio. Ya no se conforma con el hecho lingüístico: Hay una semiótica de la imagen, una semiología de la música… todo puede ser explicado o al menos analizado desde un punto de vista semiótico. Esto también encierra sus peligros. Muchos intelectuales han hecho de esta una moderna “patafísica” al mejor estilo Ubú Rey.

Según el Colegio de Patafísica:

Un epifenómeno es lo que se agrega un fenómeno. La patafísica, cuya etimología debe escribirse epi (meta ta jusika), y su verdadera ortografía 'patafísica -precedida por un apóstrofe, con el fin de evitar un fácil retruécano- es la ciencia de lo que se sobreañade a la metafísica, sea en sí misma, sea fuera de ella, extendiéndose tan lejos de la metafísica como ésta se extiende más allá de la física. Ejemplo: al ser el epifenómeno frecuentemente un accidente, la 'Patafísica será la ciencia de lo particular, aunque se diga que no hay ciencia más que de lo general. Estudiará las leyes que rigen las excepciones; explicará aquel universo suplementario al nuestro, o menos ambiciosamente, describirá un universo que se puede ver, y que quizá se deba ver, en lugar del tradicional; dará cuenta de las leyes que se creyó descubrir en ese Universo como correlaciones a su vez de excepciones, aunque más frecuentes, en todos aquellos casos de hechos accidentales que, al reducirse a excepciones poco excepcionales, no tienen la atracción de la singularidad.

DEFINICIÓN: La patafísica es la ciencia de las soluciones imaginarias, que atribuye simbólicamente a los lineamentos las propiedades de los objetos descriptos por su virtualidad (p. 1).

Así, desde la pataflexia a la panintroatlanteología, la ciencia patasemiótica vive sus días de gloria. Todo lo explica, todo lo soluciona, todo “suena fino, culto”. Lo importante al final es el lenguaje sobrecargado de palabras vedadas al neófito, en una especie de neoesoterismo intelectual, propio de las clases académicas o de quien atesora un saber en especial, al estilo de la edad media, cofradías incluidas. Un recinto de clases puede ser el más cruel disparador semiótico de términos incomprensibles, pero muy apropiados para lucir en compañía de obligados asistentes.

Maxwell (1996, p. 9) menciona que una de las ventajas de utilizar una teoría de alto nivel es que ella puede ofrecer un marco para lo que observe el investigador tenga sentido, o bien pueda conectar datos que a simple vista pudieran parecer aislados o irrelevantes. Solución: Semiótica. Cualquiera sea la teoría, un “bocado semiótico” es una tentación difícil de superar. Una perspectiva de esa índole se abre campo sonoramente entre el mar de neuronas al momento de la redacción de un “trabajo académico”.

De esta manera, el monstruo científico que Jarry había creado con su patafísica, en tono sarcástico e irónico, se ha transformado, por obra y gracia de las universidades, en la degeneración de la semiótica.

Pero no todo está perdido. Tampoco es que el problema sea tan terrible. No es una guerra ni una catástrofe natural. Ni siquiera algo que haya salido mal. Es menester recordar la obra de Eco, donde patafísica y semiótica van de la mano. Una complementa en “cierto sentido” a la otra. Así, la patafísica, de una manera a veces sumamente irónica revela las relaciones semióticas que se esconden en los planos del mundo ordinario, cotidiano, como figuras invisibles pero presentes, reservadas sólo a la intuición, o al espíritu según una óptica religiosa. La patafísica le imputa a la vida la convulsión de insólitas relaciones lógicas desde circunstancias imaginarias. A pesar de ello, su utopía final no consiste en llevar una conexión con lo real sino trascender lo cotidiano por el hecho de comprender que lo imaginario es parte de la vida diaria.

Cultivar el poder de sembrar realidades inexplicables desde lo adecuadamente reconocido como normal o real, sin encarar a los ordenamientos de la razón se justifica en esencia como una semiótica primitiva o patasemiótica en su propósito de investigar una significación en realidad vacía. Nada más difícil que definir nada. La ausencia de significado por el significado mismo.

Referencias

Alcántara Mejía, J. R. (2002). La escondida senda: poética y hermenéutica en la obra castellana de fray Luis de León. España: Universidad de Salamanca.

Colegio de Patafísica citado en Artefacto (1999). Patafísica, la ciencia de las soluciones imaginarias. Documento recuperado el 13 de marzo de 2010 de: http://www.revista-artefacto.com.ar/pdf_notas/58.pdf

Maxwell, J. (1996). Qualitative research design. Interactive approach. London: Sage Publications.

Mir, F. (s.f.) Semiótica y comunicación. Documento recuperado el 10 de marzo de 2010 de: http://personal.telefonica.terra.es/web/mir/ferran/semiotica.htm

Rodríguez, D. M. (2003). La teoría de los signos de Charles Sanders Peirce: Semiótica filosófica. Tesis de licenciatura. Universidad Católica Argentina, Facultad de Filosofía y Letras, Departamento de Filosofía.

Ruano Faxas, S. A. (2002). Comentarios acerca de la semiótica como fundamento para el curso de comunicación no verbal. Documento recuperado el 10 de marzo de 2010 de: http://knol.google.com/k/comentarios-acerca-de-la-semiótica-como-fundamento-para-el-curso-de#

Sierra, I. (2000). Semiología y significado. Documento recuperado el 10 de marzo de 2010 de: http://presencias.net/indpdm.html?http://presencias.net/educar/ht1040k.html

El duro camino hacia la Piedra Filosofal. Por Cristian Claudio Casadey Jarai

EL DURO CAMINO HACIA LA PIEDRA FILOSOFAL

Por Cristian Claudio Casadey Jarai

Introducción

En el acontecer del tiempo, el interés por la alquimia y las ciencias ocultas se vio acrecentado especialmente durante las Cruzadas.

En aquel período perdido en los oscuros tiempos medievales, cuando el Occidente cristiano se adaptó a ciertas costumbres de Oriente, una gran cantidad de especies exóticas del reino vegetal y mineral procedentes del Lejano Oriente, avivó la imaginación y fantasía de los europeos, ya que para transformarlos en productos útiles (remedios, sustancias odoríferas, entre otras) era indispensable poseer algunos conocimientos alquímicos.

Ciertos estudiosos consideran que la Alquimia Medieval, tuvo un gran desarrollo y auge en tres fases.

El Primer Período (1200 -1300) se asentó en un momento en que la alquimia, primitiva hermana de la química actual, era una capacidad que demostraba su beneficio a través de la irisación de los metales, haciendo creer que se trataba de transmutaciones, como los consagrados en los cultos cristianos. Sangre y cuerpo de Cristo.

La teoría de la transmutación de metales se estudiaba de modo extenso en un antiguo texto de carácter iniciático llamado "Mineralogía", incorrectamente atribuido al sabio Alberto Magno.

En aquel grimorio, se describían de manera íntegra, toda clase de medios que maravillaban a la gente instruida, las personas que dominaban el arte de escribir en dicha época.

Era un conocimiento exclusivo, que de ninguna manera debía llegar a manos equivocadas, es decir al hombre común.

El Segundo Periodo (1300 - 1600) se definió por un gran apogeo en el cultivo de este arte. Fueron individuos de gran ímpetu los que se interesaron en sus ciclópeas perspectivas. Así, Valentinus en Alemania y Norton en Inglaterra recalcaron la noble tarea, tanto en la mente como en el oficio práctico.

La labor se fundaba y ajustaba en la elaboración de "La Piedra Filosofal" o "Lapis Philosophorum". Se suponía que con la ayuda de esa misteriosa sustancia se podía transformar el vil plomo en el inusitado y único oro, materia siempre tan deseada por los poderosos, en cualquier época y lugar. La ambición desmedida de las clases gobernantes siempre guarda esa estrecha similitud en todas las fases de la historia humana.

Pero la búsqueda no se circunscribía exclusivamente a la obtención del metal dorado, sino también a encontrar una medicina de carácter universal, que no solo curara enfermedades, sino que también otorgara "Vida Eterna". Esta singular premisa puso a la Alquimia en estrecho contacto con la Medicina, según el modelo expresado en los pensamientos de Paracelso.

No es de extrañar que en determinadas circunstancias, algunos autores identificaran la Piedra Filosofal con Jesucristo, salvador del mundo y purificador de pecados con su atroz muerte.

El Tercer Periodo (Siglo XVII y siguientes) se apoyó en la revolución científica, por la cual se separó de manera definitiva la alquimia aplicada y la teórico - especulativa.

La aparición de los Rosacruces, entre otros grupos herméticos, continuó con el estudio y desarrollo de la forma esotérica de la Alquimia. El "Corpus Hermeticum" traducido al latín por Ficino (1433-1499) intervino cuantiosamente en la alquimia en sus comienzos. En realidad contenía modelos para culminar la filosofía natural cristiano – escolástica. De forma creciente y paulatina, el racionalismo y el experimentalismo se libraron de las unidades ocultas adjuntas en estos modelos de pensamiento.

Así el estado del arte, a mediados del siglo XIX, la Alquimia obtuvo una breve cosecha de magnificencia en la medicina, cuando médicos célebres y eruditos como Rademacher y Latz, escudriñaron un medio de tratamiento universal, gravitándose en la reputada tradición paracélsica. "Die Alchemie" (en español “La Alquimia”) de 1869 de Latz es una de las obras finales de la alquimia especulativa. La misma contiene una exégesis insondable de la afamada e inescrutable "Tabula Smaradigna" texto por demás antiguo e indescifrable para el neófito.

Ya más cercanos en el tiempo, uno de los últimos cultores alquímicos fue el francés Champagne, también conocido con el misterioso nombre de Fulcanelli (posible pseudónimo, existe un debate sobre su verdadera identidad, algunos suponen que en realidad es italiano) quien proporcionó varias aventuradas y curiosísimas obras, en especial en torno a la arquitectura, símbolos, cimentación y fundamento de las catedrales.

jueves, 21 de abril de 2011

Todo es invisible bajo la tumba. Poesía de Cristian Claudio Casadey Jarai

Todos es invisible bajo la tumba

Tan negra es la tierra

Me encuentro perdido,

Con un sentimiento de fragmentación ante el fuego intenso, siempre bajo tierra

El mal olor se ha ido de mi ataúd

Totalmente pegajoso al lado de los espíritus

Fantasmas rabiosos que contaminan mi tierra

Estoy vigilante. Mi cuerpo se ha desvanecido

Todos es invisible bajo la tumba

Soy transparente. La noche se desvanecerá vacilante

Ante el ruidoso silencio

Que aturde al borde del mundo

Donde cae lentamente

Una libreta de direcciones vacía

De mis sueños perdidos

Buscando el camino de regreso

Mientras la multitud observaba

Mi triste partida.

Todas las áridas mañanas detrás de la manada

Bastante antes de que se marche lejos el árido paisaje de ensueño

Me encuentro con los cerebros desnudos de la gente sin corazón.

¡Apriete la peluca! El día no es más día.

Estamos sordos, detrás del cielo

Transformándonos en luces tranquilas, cerca de la fuente de juventud.

El placer debe continuar

Todas las áridas mañanas sigo detrás de la manada

Estiramos los huesos rabiosos contra el agua fresca

Vientos nublados e intangibles

Saliendo al mundo

Cualquier marea que sopla

Después de no sé cuántos viajes

El refugiado

Perdió la oportunidad

Cuando el mundo era nuevo.

No extraño a esta manada árida e ingrata.

Teoría Submodernista Sociocapitalista sobre la Poética Actual: Un Enfoque Crítico. Por Alberto Durango

Teoría Submodernista Sociocapitalista sobre la Poética Actual: Un Enfoque Crítico

Por Alberto Durango

1. Las expresiones de lo absurdo

"La poética en realidad carece intrínsecamente de sentido alguno, el mismo es dado por el lector" (F. Casadey, 2007). Al respecto Wilson (2009) menciona que las obras de Cristian Casadey son un ejemplo de una poética submodernista actual.

Si se examina el paradigma neconceptualista en el contexto actual, la poética submodernista se enfrenta a una difícil elección: Aceptar lo absurdo en un giro neosartreista o concluir que la poética submoderna es parte integrante de la economía de la cultura, dentro de un vicioso dilema sociocapitalista. El tema característico de las obras de Cristian Casadey subyace dentro de una mitopoética submoderna en la que los factores viscerales juegan un papel importante en la lucha entre las fuerzas económicas y sociales. En este sentido, si se mantiene la poética actual submoderna, se tendrá que optar entre lo absurdo de la falta de significado per se y el materialismo textual (Artois Terreblanche, 2009).

"La poética está muerta," sentencia Didier (2009). La fuente principal del modelo submodernista poético, de acuerdo a Grant (2008), se relaciona subconscientemente tanto a la dialéctica, como a una nueva tendencia en la búsqueda de una identidad neocultural. Pero la premisa de la teoría sociocapitalista submodernista sostiene que las tendencias de clase social tienen valor objetivo sobre la poesía actual (Albertini, 2009).

El sinsentido cuasi neodadaista y a la vez submodernista, en contraposición al decantado postmodernismo, prevalece en los límites de la interpretación semiótica. Surge de nuevo un cambio en la estética, entre un racionalismo cultural y cierta incongruencia sociocapitalista (Reinholt, 2007).

El papel del lector como escritor, en cuanto de cierta manera crea por él mismo una reinterpretación de la obra, posee un valor postdialéctico conforme transcurre el tiempo y cambian las estructuras sociales y culturales (Farrell, 2009).

Albertini (2009) sugiere que en ese contexto la obra es un producto de las masas. A pesar de este punto, el tema se interpola en un paradigma semiótico de expresión que incluye la poética como una paradoja.

El tema principal del análisis poético de Caneli (2007) radica en la visión del arte submoderno como un conjunto cultural. En este sentido, la teoría sociocapitalista y submodernista sostienen que los cambios sociales y sus paradojas revisten importancia poética, más allá de sus consecuencias inmediatas (Fratini, 2009).

2. Cristian Casadey y lo submoderno de la teoría sociocapitalista

Si se examina lo absurdo en la obra de Cristian Casadey, se tiende a rechazar lo submoderno de la teoría sociocapitalista concluyendo que el discurso deberá proceder del inconsciente colectivo, pero sólo si la conciencia puede expresarse por medio de la lengua, restando fuerza a otras manifestaciones semióticas. En caso contrario, el modelo de Fratini (2009) del paradigma de la predialéctica de la poética es una tendencia sociocapitalista cultural submoderna, y por lo tanto, carente de sentido. El contenido es contextualizado en una poética cultural que incluye la lucha de la conciencia y de las tendencias económicas en crisis como una paradoja. Por lo tanto, si se mantiene la teoría submodernista, habrá que elegir entre la teoría cultural poética actual y las tendencias subconstructivas culturales en boga.

C. Casadey utiliza el término absurdo “Neoalquimia” para denotar profundos problemas filosóficos y espirituales (Albertini, 2009). Se podría decir que otros de los recursos principales de las obras de Casadey no es el discurso per se, sino una variante llamada neodiscurso (Farrell, 2009).

De esta manera se concluye que las obras de C. Casadey se interpolan en una poética actual que incluye la verdad como una paradoja.

Montevideo, Otoño del 2010.

Referencias

Albertini, Demetrio (2009). Poética. Malabo: Ediciones Libres.

Artois Terreblanche, Duval (2009). Poética y Filosofía. Malabo: Ediciones Libres.

Caneli, Michelle (2007). La poesía y su interpretación. Manila: RIG Editions.

Casadey, Francisco Emilio (2007). Semiótica y Poética. Malabo: Ediciones Libres.

Didier, Latmer (2009). La poética ha muerto. Malabo: Vega Editora.

Farrell, Martin (2009). Análisis poético en la actualidad. Montevideo: C.B. Editora.

Fratini, Marco (2009). Modelos Predialécticos. Asunción: Ediciones Mar.

Grant, Elliot (2008). Poesía Submodernista. Bata: Aster Ediciones.

Reinholt, Richard (2007). Submodernismo. Bata: Aster Ediciones.

Wilson, Peter (2009). Corrientes submodernas en poesía. Bata: Aster Ediciones.

La leyenda del Puente de Piedra. Por Cristian Claudio Casadey Jarai

La Leyenda del Puente de Piedra

El clima del pueblo era realmente caliente. Ese día en especial había sido demasiado sofocante, tanto que no había agua alguna capaz de calmar la sed de Pedro, el jornalero.

El trabajo en el cafetal había sido especialmente duro esa vez. Las alimañas picaban sin cesar su sufrido cuerpo. Las gotas de sudor que se deslizaban por su frente nublaban su fatigada vista. Por suerte sus labores ya habían concluido. La noche se acercaba sigilosamente.

El patrón, satisfecho con las tareas realizadas por Pedro, resolvió obsequiarle un gallo muy obediente y fortachón. Pedro estaba muy feliz con semejante regalo, por lo que agradeció mucho a su jefe y emprendió su recorrido.

El camino hacia su hogar era largo y sinuoso. Las montañas parecían burlarse del hombre, quien en su pesar no hacía caso alguno de las bromas de la naturaleza indómita.

El manto oscuro y estrellado le jugó una mala pasada. La falta de luz hizo que Pedro equivocara su trayecto, por lo que llegó hasta un río cuando se dio cuenta de su error.

- ¡Qué me lleve el diablo! ¡Maldita sea mi suerte! – Gritó lastimosamente Pedro.

Un repugnante olor a azufre impregnó todo el ambiente. El Demonio en persona había acudido ante el llamado de Pedro, quien transpiraba todavía mucho más que antes.

- Ayúdame Satán – Dijo Pedro.

-Aquí estoy a tu servicio – Contestó educadamente el Diablo. Pedro nunca imaginó que el famoso Príncipe de las Tinieblas era un tipo fino y educado, con buen porte y muy elegante.

- Conozco tu problema y sé que te has perdido. Puedo ayudarte a llegar a tu casa a cambio de un favorcito – Habló con cierta malicia el Maligno.

- ¿Y qué quieres de mí? Sólo soy un pobre jornalero que no tiene fortuna, mi único deseo es retornar a mi ranchito con mi esposa y mis queridos hijitos – Replicó con pesar Pedro.

- Construiré un puente de piedra sobre este río a cambio de tu primogénito.

Pedro lo pensó detenidamente. Necesitaba aquel servicio, pero el amor a su hijo no le permitía realizar semejante sacrificio cruel.

-Está Bien Satán, pero con una condición –Sentenció Pedro – Debes terminar el puente antes de que cante mi gallo al amanecer.

- Muy bien, que así sea entonces – Exclamó impaciente Lucifer.

Con todas sus fuerzas el demonio sacó y sacó piedras desde las profundidades de su Reino. La velocidad de Belcebú era verdaderamente escalofriante. Pedro estaba anonadado con el espectáculo infrahumano que transcurría ante su vista. El gallo se había despertado y miraba como el Diablo trabajaba sin cesar.

Ya casi estaba por amanecer. El Demonio sonreía placenteramente al instante en que sólo le faltaba colocar la última roca en el puente. Pedro, ni lento ni perezoso, hizo cantar de un puntapié al pobre gallo, quien lanzó su quiquiriquí como si fuera el último. Lucifer, engañado, se refugiaba en el abismo del Averno, mientras Pedro soltaba grandes carcajadas.

-No debí de ser tan confiado. Me has ganado en verdad, hay gente más deshonesta que yo – Pronunció Satán.

Y así fue como el famoso Puente de Piedra fue creado hace muchos, pero muchos años.

Sobre las leyendas. Por Cristian Claudio Casadey Jarai

Las leyendas siempre despiertan el interés de la gente, y mucho más cuando se trata de relatos de su propio terruño. De acuerdo a García de Ceballos (2007) son historias que van más allá de lo cotidiano e irrumpen en universos mágicos, a menudo con una riqueza cultural de carácter onírico, pero siempre con base en la realidad, lo que a veces hace que algunas personas hasta crean que dichas narraciones son del todo reales.

Algunas son historias que se transmiten de generación en generación, productos del imaginario y la sabiduría popular, la cual ha podido encerrar en ellas muchas verdades y enseñanzas. Es por ello que los mitos y leyendas tienen un gran valor pedagógico y moral. Son un rescate fiel de las tradiciones y del espíritu del pueblo, que se materializa, por decirlo de alguna manera, en breves narraciones que entretienen y educan.


Referencias

García de Ceballos, E. M. (2007). Conozcamos Leyendas Autóctonas y Mejoremos la Ortografía. Informe Final para obtener el Título de Especialista. Universidad de Pamplona, Facultad de Educación, Especialización en Pedagogía de la Lengua y la Literatura



domingo, 17 de abril de 2011

BETASOM (Novela por entregas) de Cristian Claudio Casadey Jarai

La Revista Cultural Espíritu Literario se complace en presentar la novela por entregas "BETASOM", de Cristian Claudio Casadey Jarai.

Primera Entrega:

Aquel triste día en que Italia declaró la guerra a Inglaterra y Francia, me encontraba embarcado sobre el viejo crucero Garibaldi, en calidad de oficial de máquinas… Ya han pasado demasiados años desde esos terribles sucesos, cuyos recuerdos todavía surcan las arrugas de mi vieja frente. Algunos gratos, otros no tanto, y muchos otros trágicos y desventurados. Sin embargo, aquel poderoso embrujo que llama a la mar, que envalentona la sangre de los hombres y empuja el ímpetu y la sed por nuevas aventuras, no me ha abandonado aun, a pesar de mi longeva edad. Todavía rememoro esos días como si todo hubiera sucedido tan solo ayer…

El almirante Martinelli era un hombre alto y delgado, de carácter fuerte e impecable en su vestir. Su voz ronca retumbaba en la Plaza de la Academia Naval. Nunca un hombre habló con el corazón como lo hizo aquel bravo marino, en un momento tan importante como lo era la graduación.

-Alféreces, están aquí reunidos para informarles sobre sus primeros destinos. Este mismo día marcharán hacia sus naves directamente al frente de combate. Nuestra noble Armada depende de todos y cada uno de ustedes. Probarán su valor y sus conocimientos al servicio de nuestra amada patria. Cruzarán mares y océanos y defender nuestro bello pabellón dondequiera que estén. La victoria será vuestra.

El almirante continuó hablando sobre el honor y la tradición naval del país, sobre las obligaciones históricas que pesaban sobre nuestros hombros como espíritus dedicados a la defensa de nuestros ideales, y el llamado a la gloria o a la muerte.

Estaba llamado a la mar desde el vientre de mi madre. Mi padre me cantaba canciones navales cuando todavía estaba en la cuna. Las ambiciones náuticas de mi progenitor fueron frustradas por las vicisitudes de la vida, obligaciones familiares y cargas económicas. A pesar de ello albergaba sus sueños para su primogénito. De esta manera me consagraron a la vida marítima.

Di mis primeros pasos en el arte de las velas en el alpino Lago Maggiore, en la frontera suizo italiana. El excelente clima piamontés hinchaba con orgullo mis pulmones y hacían de las actividades náuticas las más esperadas del año. De esta manera llegué en mi temprana juventud a trabajar como aprendiz durante medio año en una embarcación comercial que surcaba el Adriático. Algunos viejos marinos todavía festejaban durante esos viajes por la recuperación de Fiume y la heroica campaña del poeta Gabriele D'Annunzio, quien la había reconquistado con la ayuda de otros patriotas, fundando en aquel sitio un estado libre. Luego la ciudad puerto fue anexada al Reino de Italia. Poco duraría aquella efímera felicidad.

En el transcurso de mi último año de bachillerato logré aprobar los difíciles exámenes que se exigían para ingresar a la Real Academia Naval.

Poco después las hostilidades de la guerra cambiaron por completo mi vida. La guerra relámpago sobre Polonia y la entrada de Inglaterra en el conflicto tuvo como consecuencia la movilización de todos los hombres disponibles. Es así que fui llamado por la marina mucho antes de lo esperado. Mi corta edad y mi inexperiencia habían evitado mi intervención en la conquista de Abisinia. Pero todo iba a cambiar pronto.

La alianza entre Alemania e Italia hizo que fuera trasladado a un centro de entrenamiento situado en una secreta y diminuta isla en el Báltico. El viaje fue realmente extenuante, sin embargo, el deseo de servir a mi patria estaba por encima de cualquier agotamiento físico o mental.

El 1 de diciembre de 1939 me trasladé a los cuarteles del Centro de Entrenamiento de oficiales ubicado en una pequeña isla del Báltico. Los instructores eran rigurosos y muy exigentes, de manera que solamente los más aptos salían airosos de las actividades desplegadas en aquel solitario y silencioso lugar.

Cuatro meses fríos y difíciles pasé en un barreminas recorriendo cada gota del pesado mar Báltico, sin que hubiera mayores novedades que el eterno desgaste del cuerpo y del espíritu. El agua salada impregnaba hasta lo más profundo del alma, tanto que a veces era necesario remontar el pensamiento hacia tierras más cálidas al sur. Por fin fue el momento de regresar a Italia.

En las primeras jornadas de la guerra, la marina italiana se mantuvo siempre atenta, guardada al refugio de sus bases. Durante esa época, en el Mediterráneo solo se sucedieron algunas operaciones aisladas a cargo de cruceros y destructores. Las primeras batallas de importancia entre la flota italiana y la inglesa comenzaron en julio de 1940. Ya para entonces tenía una cierta noción sobre lo que podría llegar a venir. El optimismo reinaba por todas partes. El enemigo parecía acorralado. Pero al final todo resultó ser una efímera y frágil burbuja de jabón, pues la débil maqueta del régimen imperante vería su final acercarse estrepitosamente. Mi memoria retrocedía, visualizando la imagen viva de mis padres y mi hermana. De algún modo lograba comprender que todo en la vida tenía sus límites, que la gloria, los éxitos, el amor y las pasiones, podrían acabarse de un momento a otro, sin que los más profundos anhelos que uno guarda en lo más íntimo de su ser pudieran cumplirse. Mi cuerpo mortal quedaría yaciendo en pedazos en medio del océano inclemente o sepultado bajo el plomo enemigo y el duro metal de mi nave, sirviendo de cebo para quien sabe qué clase de voraces peces. Si a lo mejor algún caballero tuviera la piedad de recoger mis restos, podría a lo mejor ser enterrado de manera cristiana y guardar reposo por el resto de la eternidad.

Los acuerdos navales entre Alemania y el Reino de Italia se firmaron durante los días 20 y 21 de junio de 1939, en Friedrichshafen, un pueblo en la costa norte del Lago Constanza. Alemania, convertida en la primera potencia militar del mundo, mientras que Italia se encontraba en inferioridad de condiciones. Pero contábamos con una magnífica flota de guerra y una invalorable experiencia en operaciones submarinas.

La caída de Francia ofreció a las fuerzas del Tercer Reich una salida protegida al Atlántico, gracias a la gran cantidad de puertos existentes en sus costas. Este importante hecho ayudó a la expansión de la escuadra submarina alemana, la cual que inició una violenta campaña de construcción de nuevos sumergibles. Alemania solicitó la presencia de la flota submarina italiana en el Atlántico para patrullar las aguas desde el sur de Lisboa, mientras que los U-Boot se encomendaban a la zona norte desde la bella capital portuguesa.

Por esos giros inesperados del destino, como bien había mencionado anteriormente, me encontraba en calidad de oficial de máquinas en el crucero Garibaldi cuando estalló la lucha armada. Pero no duré mucho en aquella labor. En breve fui enviado a un nuevo destino, esta vez como parte de una delegación dispuesta por el Almirante Calvetti, con el propósito de inspeccionar los puertos franceses. La misión consistía en encontrar el lugar más propicio para poder establecer una base de submarinos. Al final fue elegido de manera unánime el puerto de Burdeos, a cincuenta milla de la Bahía de Vizcaya, pues gracias al río Gironde existían varios canales a través de los cuales se podía acceder al Mediterráneo. Esto hacía de la zona un área muy importante para los intereses de la Regia Marina. Además Burdeos estaba equipado con esclusas, talleres y demás infraestructura indispensable para un correcto funcionamiento de las futuras instalaciones.

Ese fue el origen de BETASOM; la letra "B", de Burdeos, que en la terminología militar correspondía a BETA, y SOM, de sommergibile (sumergible) para la base de submarinos.

Dos grandes compuertas conectaban a Betasom con el río Gironde. Tenía dos diques secos, uno para recibir a los robustos submarinos transoceánicos y otro preparado para albergar dos pequeños submarinos al mismo tiempo. También se habían levantado barracas para los marinos, comedores, bodegas y edificaciones similares. El Batallón San Marco había sido encomendado para salvaguardar la seguridad de la base.

Al principio hubo una falla en la seguridad de los sumergibles, pues las naves italianas permanecían expuestas al aire libre. Los alemanes, temerosos de la costosa pérdida de los aparatos, decidieron construir los bunkers apropiados para proteger sus artefactos en Burdeos. Una dificultad extra la constituía la distancia de cincuenta millas que había entre la base y la salida al mar. La navegación en el río Gironde era sumamente difícil, por lo que se requería de la asistencia de pilotos franceses para dirigir a los submarinos tanto hacia la entrada como hacia el Atlántico. Esto sólo podía hacerse dos veces al día cuando la marea estaba alta.